MARTINEZ
MARTINEZ
"Mr.
Anderson... wellcome back"
Cualquier madrugada, de
cualquier da, cualquier semana, o cualquier mes, los números se parecían
inagotablemente.
Dieciséis habitaciones.
Cuatro habitaciones sin baño privado. Doce habitaciones con baño privado.
Dieciséis habitaciones,
en cuatro alas de cuatro habitaciones que forman tres jardines internos.
Dieciséis habitaciones.
Cuatro con vista al exterior y doce habitaciones con vista al jardín.
Dieciséis habitaciones.
Cuatro habitaciones dobles matrimoniales, Cuatro habitaciones dobles
individuales, tres habitaciones triples individuales, dos habitaciones triples
matrimoniales, dos departamentos cuádruples matrimoniales, una habitación
single.
Cuarenta plazas en
treinta y cuatro camas.
Las dieciséis
habitaciones numeradas de izquierda a derecha con un número prefijo
correspondiente a cada ala, el numero siguiente correspondiente a la ausencia o
presencia de baño privado, el siguiente a si tenia vista al exterior o al
interior, el siguiente al número de plazas y el último al número de
camas.
Así la once mil ciento
once esta en el primer ala, es la primera habitación con baño
privado, con vista al exterior, single, de una plaza y con una cama.
La veintidos mil
doscientos veintiuno está en el ala dos, no tiene baño privado, tiene vista al
jardín, es doble, matrimonial, de dos plaza y una cama.
Delfo soñó desde siempre
con esa hostería, la arquitectó durante meses en las interminables noches de
conserje. Tantos años vivenció las erráticas conductas de los huéspedes
buscando las habitaciones, que entre las tantas maravillas que ideó, el sistema
de ubicación de los aposentos era la frutilla del postre de su nuevo
emprendimiento.
Entrar a dormir a su
hostería es un viaje en el viaje mismo. Una realidad simétrica y planificada.
El desayuno incluido en la tarifa consta de doscientos cincuenta centímetros cúbicos
de infusión a elección: café, tè, leche. Si es café con leche, corresponden ciento
cincuenta centímetros cúbicos de café y ciento diez centímetros cúbicos de
leche.
Está acompañado de dos
rodajas de tres centímetros y medio de espesor del mejor pan casero, dos
medialunas de pesaje y gramaje exacto, al igual que la mermelada y la manteca.
La Hostería de Delfo
inició con pocos huéspedes. Él, para continuar la costumbre, cubría el turno
noche. Es cuando todos duermen en sus camas perfectamente centimetradas,
con exacta cantidad de sábanas y acolchados de geométricas figuras decorativas.
Dos mesitas de luz simétricas se ubican ambos lados de las camas y hay igual
números de perchas en cada uno de los placares.
Delfo por tener por
usanza dormir en alguna habitación desocupada. La primera noche que abrió la
nueva hostería, Delfo durmió en la Treinta y un mil ciento veintiuno. Se
recostó tranquilo y en el ensueño de su noche iniciática de emprendedor
hotelero , imaginó al huésped cuarenta y uno.
El huésped cuarenta y
uno, soñó, es indivisible a si mismo. No se puede fraccionar, y aun así
bien puede alojarse en la hostería. Es un huésped omnipresente, pues no
puede alojarse en cualquiera de las habitaciones y a la vez alojarse en
todas. Ante la idea de que el huésped cuarenta y uno es un huésped
infinito, la presencia del mismo, cierto probable pero indefinido día, supone
su presencia futura y por ende su conocimiento. Definitivamente el huésped
cuarenta y uno existe. Vendrá.
El huésped cuarenta y uno
precisará una cama. Las treinta y cuatro camas, supone Delfo,
estarán ocupadas. El asunto incomodó el descanso de Delfo. Y lo
viene haciendo desde entonces. ¿ hacer una nueva habitación para el huésped
cuarenta y uno? . Alteraría el orden perfecto de la hostería. ¿rechazar
hospedarlo?. Supone una alquimia imperfecta de composición de los grupos de huéspedes.
¿Ponerlo en otra cama con otro huésped?. Probable, pero incómodo.
En un pestañear, la
hostería comenzó a hacerse famosa. Todos querían alojarse en esa maraña matemática
de las habitaciones, y el juego de ubicar la habitación en la hostería de
Delfo se un atractivo turístico del lugar.
El sorprendido Delfo se
veía casi a diario enredado en la tensión de tener su hostería completa de
huéspedes sin que aparezca el huésped cuarenta y uno. Sacaba de acá y
por por allá, y siempre la cuenta le daba exacta. Siempre había cuarenta
huéspedes.
La noche del Santo
Patrono local, la hostería estaba llena. Era un agosto soñado. A las veintidos
y veintiuno de la noche llegó Raquel, la madre de Delfo. Silenciosa,
corrió unos muebles del improvisado lobby de la hostería y colocó un
sillón cama plegable. Luego se fue. Y Delfo pudo, por fin, dormir.
´Lisandro Ahumada
@lisandroahumada
Noviembre 2021
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