LA PAMPA DEL LEONCITO

 LA PAMPA DEL LEONCITO

- ¿Calles...? A donde vamos no necesitamos calles...

 

Allá en la Sierra, solo hay señal de teléfono abajo de un árbol. Es un árbol viejo, pero de gran copa y con un tronco muy grande. Resiste todas las estaciones, ya que nunca se le terminan de caer las hojas.

Está al frente de la entrada al cementerio viejo. Es un cementerio muy antiguo, dicen que allí están enterrados los primeros colonos que llegaron a este lugar, algunos federales y unitarios que cayeron en batalla, y , por supuesto, un puñado de nativos que vivieron durante siglos. Domina todo el lugar un cerro tipo bola, bastante pelado, que tiene unos mil ciento noventa y un metros sobre el nivel del mar. Es el lugar más alto de la zona.

En toda una basta región ese es el único lugar donde el teléfono celular toma un poquito de señal, unos "palitos" del diseño gráfico de la pantalla que representa el nivel de batería. En verano, y los fines de semana largo, cuando hay mucha gente, es pintoresco ver la cantidad de autos ahí estacionados y a  la muchedumbre con sus telefonos buscando la señal.

Al ser un lugar bastante concurrido, las diversas autoridades hay realizado innumerables gestiones para solucionar este aspecto comunicacional. Asì, decenas de ingenieros, varias empresas y otros tantos especialistas han visitado el lugar en la busqueda de solución... No lo han logrado.

Se ha pensado que puede ser por los satélites. Otros dicen que son las antenas y algunos otros sostienen que es  la fibra óptica. Varios están convencidos que es la latitud y la longitud. Y más de uno ha dicho que es la altitud. No faltó el que opina que refiere aspectos de la climatología.

Y ni hablar de los esotéricos, esos que hablan de cosas de los espíritus, los seres del más  allá, los campos energéticos, los registros cósmicos y un montón de otras cuestiones que no merecen la más mínima explicación.

Una de las cosas más interesantes que se observa  y que se ha escuchado  en el lugar es el hecho de que  los primeros de días o las primeras horas de estadía o tránsito de los visitantes en el lugar, éstos se  maravillan de la paz y tranquilidad existente. Y automáticamente dicen: "Qué lindo sería vivir acá, alejado de todo, sin teléfono celular".

Sueña, esta gente,  con ese día a modo de retiro; un día en el cual irán a vivir a este lugar, construirán unas cabañas y pasarán el resto de sus días en paz. Y, por supuesto, sin celular.

Hay algo interesante en la declamación de estas personas: es la idea de la ausencia del celular. Es decir, para vivir tranquilos, es necesario dejar de tener el celular, o al menos que este deje de funcionar-

Se vuelve divertido pues conforme pasa el tiempo, los visitantes comienzan a pasar por ese famoso síndrome de abstinencia. Al principio está lindo vivir sin celular, pero luego  van rodando las horas y los días y la cosa se pone fulera. Se ha escuchado a algunos decir "¿Para qué queres celular acá?”. Mas tarde,  pasa el tiempo y aparecen las excusas para usarlo: avisarle algo a los familiares, contarle ciertas cosas a los amigos, saber  cómo está la cosa en el negocio, informarse si algo pasa en el trabajo, chequear las redes sociales, subir fotos del lugar en los estados, confirmar si entró un pago en el homebanking, o averiguar cómo está la tía Petronila de ochenta y seis años, que repentinamente paso a importar. Lo que sea, está bien para usar el teléfono celular.

Y allá van todos y  todas, en sus vehículos, o a pié, o en alguna mula o caballo alquilado, hacia el  arbolito a buscar la tan vital señal de teléfono que les permitiré conectarse al mundo. 

A veces, a los empujones hay que hacerse lugar, pues hay tanta gente que la señal parece no alcanzar. Otras veces llueve y los improvisados paraguas son una postal colorida de la Sierra. Esos casos, los de la lluvia, son pintorescos porque la gente piensa que porque llueve habrá menos gente abajo del árbol... pero al llegar, resulta que hay un montón de personas que pensaron lo mismo que ellas.

Los pocos pobladores del lugar viven con esta situación desde siempre, no les molesta. Argumentan que vivieron así durante siglos, pueden vivir siglos más así. Todas las gestiones son para mayor comodidad de los que visitan la Sierra, que son, en el fondo, una de las principales fuentes de ingreso económico del lugar. Consultados si a los más jóvenes les resulta difícil o incomodo vivir con ello, la respuesta semeja a la anterior, y en cualquier caso, el servicio de internet está disponible gratuito en  un aula de la escuela del pueblo para todos los estudiantes.

Una vez, uno de los que estaba a los pechazos limpios en el árbol, buscando señal, detuvo su mirada en el cementerio. Y en el frenesí de esa búsqueda digital, observó las pocas tumbas que había en el cementerio. Al día siguiente, en su visita al almacén de ramos generales para comprar yerba y pan casero, le consultó por este hecho al almacenero. El buen hombre muy suelto de palabras, respondió: "La verdad no lo sé, debe ser que la gente no se muere... o vive mucho... vea Ud, yo tengo 197 años"

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