LA LEGIÓN
LA LEGIÓN.
La Escuela
Técnica de la ciudad siempre ha sido un faro de conocimiento. La calidad
educativa y la innovación tecnológica del establecimiento ha desembocado en
destacados profesores, eminencias científicas y maquinarias técnicas
destacadas.
El profesor
Juan Alberto Roca fue uno de esos docentes
inolvidables. Tanto por sus conocimientos inagotables, como por su vocación por
el saber y su manera brillante de transmitir esos conocimientos. Su padre,
Alberto Roca, habiendo sido ferroviario
hasta su jubilación y un buen hombre hasta sus últimos días, jamás comprendió
la pasión de Juan Alberto por la física. Si ambos hubieran estudiado alemán quizás
lo hubiesen sabido.
Las
historias de mucama de hotel de su abuela hacían las delicias Juan Alberto en
su infancia, siempre las escuchó con ternura y atención, a la hora del mate
cocido de la tarde, para luego pasar la tarde con la tarea y el estudio. Así,
la abuela sembró el gen del estudio en Juan Alberto, en especial de las
ciencias dura, de los números y las fórmulas.
Isabel
González trabajó de muy joven en el hotel lujoso de la sierras en las
temporadas veraniegas. Viajaba y se instalaba allí varios meses, donde cumplía
funciones de mucama, camarera, lavandera y hasta alguna vez, de actriz de
reparto en el escenario de uno de los patios del hotel. Esa mañana de un abril fresco en el que llegó de visita el
profesor austríaco, sus miradas se cruzaron y la siesta se volvió tórrida y
pasional en la suite de una de las torres. Por la noche el profesor se marchó
de regreso y el verano siguiente, Isabel ya no pudo viajar a trabajar a las
sierras por el nacimiento de Alberto.
Esa pasión
incontenible de Juan Alberto por la física lo mantenía atento a todas las
novedades, participando de cuanto curso hubiera, y leyendo libros y artículos científicos
relacionados al tema. Luego de muchísimo tiempo de trabajo, el profesor había
desarrollado una serie de hipótesis y
teorías sobre el tiempo y sus dimensiones. Según sus cálculos, tenía la fórmula
para viajar en el tiempo.
Roca era un
hombre solitario y otra de sus pasiones era asistir al cine a disfrutar las
películas de ciencia ficción. Ese domingo por la tarde la película a la que asistió
le despertó la idea. Salió de la función con el experimento perfecto: utilizar un automóvil
para viajar en el tiempo.
Por esos días
se había anunciado la realización de una carrera de autos en conmemoración de
los 400 años de la ciudad. Roca, quien no tenía automóvil ni dinero para
comprar uno, comprendió que esa era una excelente oportunidad. Trabajo horas
incansables y a la semana presentó al Director de la Escuela Técnica un proyecto
escolar para preparar y asistir en el galpón de mecánica del establecimiento a los
vehículos de carrera de los competidores locales.
El Director
aprobó el proyecto y Roca construyó en el galpón una maquina gigantesca, con antenas y relojes. Luego convocó a los
pilotos y sus navegantes, con sus automóviles de carrera, al galpón, en donde a
dichos vehículos se les instaló unos extraños aparatos en los motores. También unas pequeñas antenas en
el techo.
Mientras
los alumnos de la escuela ponían a punto
y asistían a los vehículos con sofisticada y destacada precisión, el Profesor
Roca reunió a los pilotos y navegantes, a quienes bautizó “Los Legionarios” en
un aula para darles una pequeña charla. Asistieron, entre otros, Jano, Mime, Osvaldo,
Miguel, Ángel, Carlitos, Tutuca, Pato, y algunos otros más, quienes no
comprendieron absolutamente nada de lo explicado por Roca. Solo que debían
acelerar.
El evento fue
una verdadera fiesta, durante el cual Juan Alberto estuvo literalmente
internado en el galpón de la escuela, con su máquina extraordinaria
transmitiendo, recibiendo y enviando información desde y hacia los automóviles.
El experimento secreto disfrazado de proyecto escolar había alcanzado su punto
final. Los resultados teóricos obtenidos
del experimento fueron un éxito: todos los vehículos habían viajado 148 años al pasado durante sus aceleraciones
en la carrera. Ahora solo restaba escuchar las vivencias de los pilotos y sus
navegantes.
Al día
siguiente, Roca reunió a Los Legionarios para hacer las entrevistas del caso. Para
su sorpresa, ninguno de ellos reportó nada anormal, salvo algunas diferencias
entre el camino y la hoja de ruta de los navegantes al acelerar, en especial en
vados o arroyos. También reportaron alguna presencia mínima a de fauna extraña. Fue una carrera
maravillosa, una fiesta de familia y amigos. Y, para la amargura silenciosa del
profesor, nadie viajó en el tiempo.
Sumido en
la depresión y el alcoholismo, el profesor Juan Alberto Roca no pudo superar el
rotundo fracaso de su experimento del viaje en el tiempo. Fue encontrado muerto en el taller de la
escuela un 31 de Agosto.
En Septiembre,
la ciudad cumplió 252 años.
Maravilloso relato! Como siempre, espectacular !! Luisa
ResponderBorrarMuchas gracias!
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