LA ESPERANZA
LA ESPERANZA
- " Siempre se llega
a alguna parte si se camina lo bastante"
En una de esas enfermedades amargas, Helena encontró la
redención. Su vida, su larga y extensa vida la fue llevando por determinados
rincones que le hicieron marcas. También
la ubicó en las páginas de la historia nacional. Todos hitos elogiables, fruto
de su trabajo, su esfuerzo, su sagacidad, su perseverancia, su inteligencia y,
porque no , también su terquedad.
La enfermedad, a sus años, se volvió una autopista al reino
de la parca. En el sanatorio, el mas caro y de mas alta tecnología del país, su
médico, el de toda la vida, le dijo que no había mucho para hacer. La abrazó
con gran cariño y algunas lágrimas, y la mandó a su casa. Suele ser cuestión de
esperar.
Allí pasaba sus días esperando, en su casa; Una enorme
mansión, con trece habitaciones, tres baños, un comedor inmenso, un living titánico,
una sala de reuniones poderosa y otras tantas dependencias destacadas, además
de los jardines y la piscina. La sala de lectura y la biblioteca eran realmente
exquisitas. Un ambiente mágico en el cual ella gustaba zambullirse y dedicar
largas horas a la investigación.
Primero fueron unos días, luego unas semanas, mas tardes
algunos meses. Y el asunto no se resolvía. La ansiedad y la angustia eran una
sola. Aún seguía aquí y en esos vanos
intentos empezó a rezar. Le rezaba a Dios, luego a Jesús, a algunos Santos y a
Vírgenes diversas. También pasaba sus días leyendo sobre religión, en especial
sobre las vírgenes y los santos los
cuales les hacía el honor de sus rezos a
la noche.
Una vez, de tanto rezar, se durmió. Y empezó a soñar como
otras tantas veces con eso que sueñan todos: un túnel, al final una luz, una
voz que llama, un paisaje angelical y esas imágenes alegóricas. Pero esta vez,
de por ahí, apareció una mujer, que ella asoció a una Virgen. Conversaron un
rato sobre los puntos que forman segmentos en las rectas infinitas.
Antes de irse por el túnel, la Virgen le sugirió que busque
un mapa y se mude al primer lugar que encuentre
que se llame Esperanza.
Se despertó, y sin desayunar se buscó un Atlas, lo abrió y
buscó. Ahí chiquito, muy chiquito, uno de esos puntitos en el medio de la nada,
estaba "Ea. La Esperanza" (Estancia La Esperanza). Investigó, llamó,
dio con los dueños y le ofreció el triple de lo que pidieran. La compró y se
llevó todo y a todos para allá. Fundó
una comunidad y construyó una Capilla.
Vivió casi el doble de la edad que tenia cuando se fue. Se
cayó de un caballo arreando unas cabras. Fue trágico y amargo. En su funeral
todos lloraban la desgracia, comentaban el suceso, explicaban las causas.
Nadie, absolutamente nadie, se recordaba que tenia aquella enfermedad.
Yo me acordé al día siguiente y pregunté. Me costó mucho conseguir información. Ya
nadie sabía cual había sido aquella enfermedad. Es más, nisiquiera sabían que tuvo una enfermedad. De tanto
preguntar, alguien me dio una cuaderno con sus anotaciones y sus memorias. En
una de sus anotaciones está escrito:
"mi medicina es un dintel".
Levanté la mirada,
en el dintel de la puerta de la Capilla
dice "La Esperanza"
Lisandro Ahumada
@lisandroahumada
Noviembre 2021
Comentarios
Publicar un comentario